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Una lucha a vida o muerte entre el hombre y la montaña

“Los picos palidecen ante la majestuosidad del Naranjo de Bulnes. ORTEGA, Pedro Antonio. 2013

Naranjo de Bulnes

Naranjo de Bulnes

Solemne y envuelto en un halo de divinidad se erige el emblemático Naranjo de Bulnes, un “Titán” que lidera el paraíso de los Picos de Europa. Testigo mudo de la historia, el hierático monolito que contempla el devenir del tiempo, guarda con celo las huellas de quienes le desafiaron, a vida o muerte, y ayudaron a forjar su leyenda.

El hombre en un arrojo de valor, superación y espíritu de lucha, ha intentado en numerosas ocasiones superar la cima de la grandiosa roca. Son los alpinistas, “Titanes de la Montaña”, quienes han librado la dura batalla con el “Picu Urriellu”, desde que hace más de cien años (5 de agosto de 1904) el intrépido Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa, acompañado por el pastor Gregorio Pérez “El Cainejo”, acariciaran la cumbre con sus manos.

Este fue el comienzo de las ascensiones al “Picu” y las hazañas que emprendieron los valientes exploradores que intentaron emular el hecho, aunque algunas de ellas se revistieron con tragedia. Pero el punto de inflexión llega cuando dos jóvenes alpinistas desafían al “Titán” por su cara más inquebrantable.

Son los aragoneses Alberto Rabadá y Ernesto Navarro quienes el 21 de agosto de 1962 encumbran el Naranjo de Bulnes por la hasta entonces inaccesible cara oeste. Rabadá y Navarro, que fallecieron un año después en los Alpes escalando el Eiger, no solo abrirían una vía que mantiene su nombre, sino un camino de esperanza a otros compañeros. El “Titán” no era invencible.

Alberto Rabadá 1933-1963 Ernesto Navarro 1934-1963

Alberto Rabadá 1933-1963 Ernesto Navarro 1934-1963

Pero será el 8 de febrero de 1973 cuando se marca un hito en la escalada de la difícil pared. Cuatro alpinistas, en dos cordadas formadas por César Pérez de Tudela, Pedro Antonio Ortega “El Ardilla”, Miguel Ángel Gallego “El Murciano” y José Ángel Lucas, llegan a la cima en la primera ascensión invernal. Una gesta que tuvo una repercusión mediática única por el peligro que entrañaba, todos los que la intentaron habían fallecieron, y el valor incuestionable de los protagonistas.

Han pasado cuarenta años de la heroica escalada y los artífices de la efeméride, a excepción de José Ángel Lucas que falleció en los Alpes ese mismo año, recuerdan aún con emoción y orgullo las adversidades vividas y el miedo superado. A la vez que el “Picu Urriellu”, mantiene inalterable su magnetismo hacia los audaces alpinistas.

De izquierda a derecha El Ardilla, J.A.Lucas, El Murciano y Pérez de Tudela

De izquierda a derecha
El Ardilla, J.A.Lucas, El Murciano y Pérez de Tudela

Con motivo del XL Aniversario de la mítica ascensión la Asociación de turismo vertical y cultural, Glorioso Mester”, ha querido rendir un cálido y merecido homenaje a los protagonistas de tan singular proeza, organizando un ciclo de conferencias donde a través de imágenes y relatos de los alpinistas, César Pérez de Tudela y Pedro Antonio Ortega, se ha rememorado la histórica hazaña.

Y como broche de oro a los actos conmemorativos, los gloriosos amigos, viajan hasta la localidad asturiana de Arenas de Cabrales, la puerta de oro a los Picos de Europa. Para peregrinar con gran regocijo hasta la aldea de Bulnes, donde se produce el “reencuentro de Titanes”. Los alpinistas, escaladores y exploradores Pérez de Tudela y Ortega, fuerzas vivas de esta historia, junto al colosal Naranjo de Bulnes, la recia roca. La alegría embarga el momento y las nostálgicas gotas de lluvia, que resbalan por las paredes del monolito como lagrimas contenidas por la emoción, parecen entender lo que allí se va a vivir.

Ascensión a la aldea de Bulnes

Ascensión a la aldea de Bulnes

Tras una hora y media de ascensión, por un camino en zigzag rodeado de vertiginosos precipicios, y sorteando el río que nombra a la villa, llegan a Bulnes. Todo está preparado, el experto montañero Rafael Navarro y José Ángel Gonzalo, ultiman los preparativos del acto en el que se descubrirá una placa conmemorativa de los hechos acaecidos en febrero de 1973, como recordatorio para las generaciones presentes y futuras.

Jesús García y Jiménez, presidente de la asociación “Glorioso Mester”, inaugura la jornada junto a la fuente de Bulnes dando la bienvenida a los allí presentes. A continuación el alpinista, escalador y filósofo de la montaña, que ha convertido esta en un modo de vida, César Pérez de Tudela, recuerda la legendaria ascensión. Pérez de Tudela hace hincapié en la aureola de tragedia que hasta entonces rodeaba al Naranjo de Bulnes. “Los antecedentes eran malos habían muerto todos los que lo habían intentado “, señala el escalador, que asegura que en aquellos momentos no eran consciente de lo que habían conseguido.

Así mismo, Pedro Antonio Ortega el impecable y técnico escalador, compañero de cordada de Pérez de Tudela, destaca como aquella dura ascensión logro romper un mito de muerte para convertirlo en un mito de vida. Ortega muestra una solemne admiración por el simbólico “Urriellu”, respeto entre Titanes, del que dice “Los picos palidecen ante la majestuosidad del Naranjo de Bulnes”.

De izquierda a derecha Pedro Antonio Ortega, César Pérez de Tudela y Jesús García y Jiménez

De izquierda a derecha
Pedro Antonio Ortega, César Pérez de Tudela y Jesús García y Jiménez

Y llega el esperado momento. Cuarenta años después en el lugar donde degustaron las mieles del éxito y vivieron adversidades ante un reto extremo, César Pérez de Tudela y Pedro Antonio Ortega “El Ardilla”, en presencia del alcalde de Bulnes, Carlos Javier Puente Fernández, los entrañables amigos y organizadores del “Glorioso Mester” junto a expertos y amantes de la montaña, descubren la placa que inmortalizará la grandiosa gesta.

Pedro Antonio Ortega y César Pérez de Tudela

Pedro Antonio Ortega y César Pérez de Tudela

Tras el descubrimiento sobrevino el momento de relajación, tertulia, abrazos y felicitaciones de todos los asistentes, rodeados del espectacular paisaje. Caminando por Bulnes, evocando el episodio vivido, toman rumbo al mirador para contemplar al “Titán” que les dio la gloria, aunque acorazado por las nubes, tímidamente dejo entrever su magnitud, quizá por decoro a los visitantes.

Vaya mi gratitud a todos los que habéis hecho posible que esta historia perdure en el tiempo.

1ª  invernal Naranjo de Bulnes cara oeste“A lo largo de la vida, Titanes de la Montaña, muchas cosas dirán de vosotros, pero lo que jamás podrán decir es que el valor se supone, porque lo habéis demostrado con creces”. ALONSO, Nieves. 2013.

Autor: Nieves Alonso

Gaceta Glorioso Mester

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Vamos a visitar uno de esos pueblos que sorprende encontrar. Remoto, guardado del bullicio, aparentemente olvidado. Aquél en el que un día sus gentes cruzaron la mar y emigraron a tierras lejanas en busca de fortuna. Al retornar de la tierra del “ron y la bachata” los más venturosos dejaron su huella, para la posteridad, con majestuosas edificaciones coloniales. Eran los llamados indianos

Pero la suerte no fue igual a todos. A los menos favorecidos se les llamó, tal y como cuentan las gentes del lugar,los maletas al agua”. El asunto en cuestión era que cuando los vecinos les preguntaban por su dicha estos replicaban que todas sus pertenencias se las llevó la mar.

Casona de Pancho

Casona de Pancho

Aquellos que vieron engrosado el capital de sus arcas, dotaron de beneficios a su tierra natal. Las construcciones de las casas coloniales originaron numerosos puestos de trabajo, para los dedicados a oficios como la carpintería, la cantería o la ebanistería. Costearon la traída de las aguas y la construcción de la primera escuela, donde hoy se ubica la Casa de la Cultura.

Las altivas casonas indianas nos dan la bienvenida. El tiempo parece no haber trascurrido en Malleza. Indagando por las calles de este singular pueblo llegamos a la plaza del Conde de Casares, donde se alza la iglesia de San Juan. Originaria del XII ha sufrido profundas reformas a lo largo de los siglos. En el XIX los indianos costearon las reformas de la iglesia dándole la imagen que hoy podemos admirar.

Iglesia de San Juan

Iglesia de San Juan

En el interior se abren dos hermosas capillas, la del Santo Cristo de la Misericordia y la de la Virgen del Rosario, flanqueada por las imágenes barrocas de San Joaquín y Santa Ana. Pero lo singular y admirable de esta iglesia se ve desde exterior. Por razones que a todos se les escapan está coronada por una cúpula verde, con rasgos bizantinos, con su reloj, que toca las horas y las medias, una referencia para los vecinos que sólo le oyen cuando prestan atención.

Retablo capilla de Malleza

Retablo capilla de Malleza

El paseo empieza a cobrar interés. Las casas van apareciendo. La del Cuervo, de la segunda mitad del siglo XVIII; la de don Vicente González de Llano, Vicentillo el del gallo-, con galerías acristaladas y tejados abuhardillados; la de Panchón, que emigró a América y la dicha le acarició como banquero y ordenó levantar esta casa como muestra de amor a su tierra natal.

La casa de José Garcí que al regresar de Cuba enriquecido gracias a su comercio “El Escándalo” construyó la mansión sobre las ruinas de una casa del siglo XVII y la llamó “Las Palmeras”; Casa Cima, el Casino de Malleza y una de las más antiguas, en la que según cuenta la tradición oral algunos vecinos se jugaban sus propiedades.

Una de las casas más hermosas, ubicada en una radiante colina de suntuosas vistas  es “Villa Alicia”. Fue en 1918 cuando don Fernando Rodríguez Alonso regresa de Cuba, lugar al que marchó como tantos mallezanos para  tentar a la suerte fundando una administración de lotería ”La Dichosa” que acabó por convertirse en la más famosa de Cuba, encarga la construcción de la villa para su amada esposa Alicia al arquitecto Julio Galán. La ornamentación de la fuente exterior conserva un estilo andaluz con  azulejos de La Cartuja de Sevilla.

Villa Alicia

Villa Alicia

Estos ejemplos de arquitectura indiana no menoscaban al Palacio de los Condes de Toreno, situado en el barrio de la Granja, que fue casa de don Fernando Malleza. La capilla del Palacio guarda en la bóveda unos magníficos frescos cuyo autor es el conde don Francisco de Borja Zuleta. En la misma localidad de La Granja, como una montaña de nieve, impoluta, con un blanco que nunca oscurece, aparece la casona colonial del Estanqueiro, a fecha de hoy un dispensario geriátrico.

Capilla del  palacio Conde de Toreno

Capilla del palacio Conde de Toreno

De regreso a la plaza de Malleza haremos un alto en la fábrica de embutidos. Es en 1957 cuando la familia Miranda compra Casa Cuervo instalando en las dependencias ganaderas una fábrica de salazones, “Embutidos la Unión”. Hoy es una industria moderna donde se podrá adquirir unas estupendas reservar para llenar la despensa.

En la plaza, frente a la iglesia, descansando bajo un viejo fresno, sin prisa porque sabe que ya no puede andar con agilidad, llama la atención Invicta”, una vieja bicicleta que se ha convertido en parte del paisaje de Malleza. Nadie sabe cómo llegó hasta allí, quizás algún niño después de utilizarla la recostó en el árbol y nunca regresó a por ella. La cuestión es que “Invicta”, nombre que aún luce en la barra superior del artilugio, parece seguir esperando.

Invicta

“Invicta”

Una vez al año, coincidiendo con la noche de San Juan, la vieja y oxidada bicicleta desaparece como por arte de magia. Quizás algún vecino la esconde para que no termine junto a otros trastos viejos en la hoguera típica de esta fecha. Todo un halo misterioso envuelve a “Invicta”, nadie sabe a ciencia cierta cómo llegó a Malleza, y seguro que su desaparición definitiva se convertirá en un enigma sin resolver.

Y frente al fresno donde reposa el enigma, se encuentra la que fue antigua fonda, taberna, colmado, salón de cine y lugar donde se ejerció algún viejo oficio, hoy convertida en exquisito restaurante.

Al Son del Indiano

Al Son del Indiano

EsAl Son del Indiano”, un lugar que no nos recuerda a ningún otro. Al traspasar las puertas se hace un guiño al tiempo. La Habana Vieja o el Centro Asturiano de La Habana están presentes rindiendo homenaje a las gentes mallezanas que un día emigraron a Cuba.

Cada detalle colocado en su sitio. Cuadros recreando la isla de antaño, combinados con preciadas lámparas tifanys y hasta un aparato de televisión, el primero en llegar a España y que nadie consiguió hacer funcionar. Todo ello en perfecta armonía, consiguiendo un ambiente perfecto para la elaborada y cuidada cocina que se nos presenta.

Al Son del Indiano- interior-

Al Son del Indiano- interior-

Sorprendente es encontrarse en este rincón de la Asturias occidental con platos de la siguiente guisa: croquetas líquidas, pastel de ortigas, jabalí guisado con castañas o una deliciosa carne de canguro acompañada de mousse de queso fresco de cabra .Sin olvidar los exquisitos postres como el helado de eucalipto con caramelo.

Croquetas líquidas de ortiga con queso de cabra

Croquetas líquidas de ortiga con queso de cabra

El alma de “Al Son del Indiano ” es su dueño, Paulino Lorences. Si él no está falta lo mejor. Es posible que esté haciendo sociedad en algún evento vecinal, mostrando la Villa , contando alguna de las múltiples historias que guarda en su prodigiosa mente o simplemente tomando un zumo de paraguas. Si es martes, está ausente y no recibe. Costumbres adquiridas de su época parisina.

Pero la casa no queda en soledad. Según una vidente, “en el piso por encima del salón de comidas, habita Alfredo”. Este invisible morador de la fonda ,vestido de blanco como un indiano, para nada molesta a Paulino, que hace gala de su hospitalidad.

Fuente:

Libro -La Comarca Vaqueira- por Nieves Alonso

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Senda del Cares

Senda del río Cares

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El Parque Natural de Somiedo es el espacio natural que mejor representa los valores naturales y etnográficos de la montaña asturiana. Su quebrado territorio de profundos valles, altas cumbres y bosques perfectamente conservados lo convierten en el santuario de una de las especies más perseguida durante largo tiempo y en grave peligro de extinción, el Oso Pardo.

Los límites del Parque coinciden con los del territorio que abarca el concejo que le da nombre, situado en el sector centro-occidental de la montaña asturiana, y donde se distinguen cuatro valles principales surcados por los ríos Saliencia, Valle, Somiedo y Pigüeña. Junto a ellos se pueden diferenciar otros valles secundarios, como el del Puerto, Aguino, Las Morteras o la Bustariega.

En las zonas más abrigadas y a veces colgados de empinadas laderas 38 pueblos se dibujan en el accidentado relieve somedano. Son aldeas pequeñas y tranquilas que todavía conservan muestras de la arquitectura tradicional, pero debido al fenómeno de la despoblación en su conjunto tan sólo suman unos 1.600 habitantes.

El conjunto montañoso de Somido, reúne tras los Picos de Europa y el macizo de las Ubiñas, las cumbres más altas de la montaña astur. Su techo está en el Cornón con 2.194 metros de altitud, le siguen de cerca la Peña Orniz, los Picos Albos y el Mocosu. La acción glaciar y kárstica han generado al pie de algunas de estas cumbres, las cubetas y circos que acogen a los famosos lagos de Somiedo. El mayor de todos ellos y de Asturias es el lago del Valle.

Entre las cumbres y los valles… los frondosos bosques atlánticos que en esta época otoñal se visten de verdes, dorados, rojos y ocres, todo un lujo para quien pueda visitarlos en está estación. Y en este reducto, el oso pardo, rey de la montaña asturiana, vive tranquilamente, gracias a que algunas zonas son de uso restringido y está prohibido el acceso.

El Oso Pardo, es el animal más emblemático de Somiedo. Perseguido durante siglos pudo sobrevivir en estos rincones agrestes y apartados, gracias a las medidas de protección de la especie. En la actualidad el Parque Natural de Somiedo, junto con el Parque Natural del Narcea, Degaña e Ibias son el refugio de este animal totémico para los montañeses asturianos, del que sólo sobreviven unos 100 ejemplares.

Junto a los lagos, bosques y osos, hay algo que hace de Somiedo un territorio realmente único, el conjunto de Brañas de Corro y cabañas de Teito, asociado a una milenaria cultura pastoril que se mantiene vigente en el siglo XXI. La forma de utilizar  los pastos y  de manejar el ganado como antaño, ha generado unos modelos de arquitectura tradicional que se mantienen vivos en las brañas somedanas.

Las construcciones son similares a los primitivos castros prerromanos. Sus paredes de piedra seca aparecen rematadas por una techumbre compuesta por una estructura de vigas de madera que están tapizadas con una cubierta o teito, preferentemente de escoba o de otro arbusto parecido, su colocación se conoce con el nombre de teitado.

Los teitos resultan impermeables y pueden soportar las nevadas tan frecuentes en estas montañas. El conjunto de cabañas de teito conforma una Braña vaqueira, junto con prados de siega, fuentes, abrevaderos para el ganado y las olleras, fresqueras hechas de piedra en las que se guardaban las ollas de leche.

Las cabañas son de planta rectangular, con la cuadra en la única planta y el henil en el desván. Junto a la cuadra un reducido habitáculo donde pasaba la noche el brañeiro. Las brañas eran utilizadas durante la primavera y el otoño, ya que en el invierno el ganando era bajado al pueblo y en verano pastaba a mayor altitud.

El patrimonio natural de Somiedo, que le ha valido para la declaración de Parque Natural se ha visto incrementado con la conservación de la diversidad biológica, la conservación de los valores culturales y el aprovechamiento sostenible de sus recursos naturales, por lo que fue declarado en el año 2000 Reserva de la Biosfera.

Este recorrido nos ha vuelto a poner en contacto con la naturaleza más salvaje y a la vez mejor conservada por el hombre, todo un regalo a nuestro alcance para estos meses otoñales. Viajar hasta Somiedo no nos dejará indiferente.

Autor: Nieves Alonso

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Un paseo por la villa pixueta

La falta de prisa ha de ser la aguja para navegantes de quien realice este paseo. Solaz por calles empinadas, encantadoras plazas y miradores. Aquí se adormecen las penas y se alimenta el alma. Hermosos edificios y casas que se descuelgan de la montaña. Esto es lo que encontramos en esta porción de tierra de la Asturias centro-occidental que abraza a la mar, compañera inseparable.

Comienza un nuevo día en Cudillero. Las gentes van a sus quehaceres por calles olorosas perfumadas por la mar. Es buen momento para acercase al puerto, caminar hacia el faro y desde el mirador de la Estrecha, uno de los siete que guarda la villa, recrearnos con las bellas vistas que nos ofrece antes de tomar la primera comida del día en algún lugar de la Plaza de la Marina, sitio en el que me detendré más adelante.

Tranquilizado el estómago, sereno y resuelto el ánimo, debe emprenderse camino y tomar la derrota de los barrios de la villa dejándose llevar por el instinto. El de Cimadevilla o el nostálgico de la Garita, donde se sitúa otro mirador, nos irán adentrando en la esencia pixueta. No perdamos oportunidad de parar y departir con las gentes, siempre dispuestas a ello.

Perdiéndonos por las calles y en ascensión continua llegamos al barrio del Contorno. Nuevamente dos miradores, el del Baluarte y El Contorno, nos ofrecen deliciosas vistas

Va entrando la mañana. Los colores se hacen más intensos. Ahora nos topamos con la casa del adorado patrón de los pixuetos, la iglesia de San Pedro. De origen gótico, restaurada en más de una ocasión, no ha perdido un ápice de belleza.

No se queda huérfana en este lugar la sorpresa y maravilla. En la cima encontramos el edificio más antiguo de Cudillero, la Capilla del Humilladero. El interior cobija un hermoso Cristo que en tiempos fue testigo de juicios y última compañía de los condenados a muerte.

El día esta avanzado. El descenso es cómodo por las callejuelas vestidas de gentes que siguen con su trajín diario. Sin prisa, disfrutando del grato paseo que nos lleva a la plaza de San Pedro, lugar donde se ubica un emblemático edificio, el Ayuntamiento. Originario del siglo XIX, se alza donde fue residencia de la familia Omaña. Aquí de nuevo nos recreamos con hermosas vista desde el mirador del Palacio.

Puesta de sol junto a la mar

Entra la tarde, es un buen momento para recrearnos y seguir el trazado de la costa de Cudillero. El azul de la mar será nuestro guía, mostrándonos los parajes más bellos y singulares de esta costa bañada por aguas del Cantábrico. Si el tiempo acompaña sumergirse en estas aguas es todo un placer, si las vuelve bravas es todo un espectáculo. En todo caso, presenciar como el sol se sumerge en ellas, es un acontecimiento inolvidable.

Uno de los lugares donde la fuerza de la naturaleza se hace sentir en días que la mar protesta, es el Cabo Vidio. La tierra roba terreno a la mar y se eleva ante ella. Desde una altura de casi cien metros la visión es impresionante. Nos sentiremos dueños por unos momentos de todo aquello que contemplamos, desde el cabo de Peñas al este hasta el de Busto en el oeste.

Cualquier playa de Cudillero tiene una belleza particular. En la de la Concha de Arteo las piedras sustituyen la  arena y tiene un aire agreste. La de San Pedro, una de las más visitadas, está ubicada en la desembocadura del río Esqueiro. Además de la de Albuerne y los Negros, entre acantilados, o la de la Vallina.

Pero si tuviera que elegir una sin duda sería la del “Silencio”. Su nombre lo dice todo. Elevadas rocas protegen a esa pequeña porción de mar que se arrima a la tierra, descansada, apacible, cristalina y segura. El esfuerzo de descender hacia ella por la empinada escalera enclavada en el corte rocoso se ve recompensado en el instante que bajamos el último peldaño, una piedra, y nos acercamos a la orilla para contemplar el recio paisaje.

Es el sitio idóneo para sentarse frente a la mar, serenar el espíritu, sentir la fuerza de la naturaleza y encontrar la paz anhelada. Esta anocheciendo, el astro rey cae rendido ante tanta belleza, la mar lo abraza. Poco a poco el sol va desapareciendo, lentamente, sumiéndose en el leve letargo de la cercana noche. El ascenso será liviano, ha merecido la pena. La visión la guardaremos en el alma.

Autor: Nieves Alonso

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Si buscamos un reducto de tranquilidad en contacto con la naturaleza, un bosque que nos traiga a la memoria los habitados por seres fantásticos y mágicos que creíamos existentes en la infancia o simplemente uno de esos lugares de idílico paisaje cambiante, sin duda nuestro destino es la Reserva Natural Integral de Muniellos.

La Reserva se localiza en el extremo suroccidental de Asturias entre los concejos de Ibias y Cangas de Narcea, incluyendo tres montes:  Valdebois,  Muniellos y La Viliella. El primero se sitúa íntegramente en Ibias y los otros dos en el concejo de Cangas, siendo los tres Montes de Utilidad Pública.

Este paraíso natural se organiza en tres valles principales:  La Cardanosa o de Las Lagunas,  Las Gallegas o de Refuexo y la Zreizal o de Texeirúa, confluyendo en el río Muniellos que vierte sus aguas al Narcea. Los tres valles están dibujados por numerosos regueros y vallinas, tantos como días tiene el año, según un dicho popular.

Todo este conjunto es adornado con uno de los robledales más extensos de Europa Occidental. En los meses invernales el bosque se convierte en un lugar encantado, en época estival el lugar es idílico, en la primavera resurge con fuerza y vigor.

Y es en la estación otoñal cuando se recrea en un intenso juego cromático. Los amarillos, dorados y marrones juegan con los intervalos luminosos adoptando un  aire de bosque bucólico que lo convierte en uno de los lugares más bellos que puedan existir.

La naturaleza generosa ha querido que tanta belleza fuera la morada de emblemáticos animales, como el oso pardo, el lobo o el urogallo. Pero el paraíso es compartido, a pesar de su pequeño tamaño, junto a una gran variedad de aves como el ratonero, el águila real, el halcón abejero, el gavilán o el escaso azor y con otras especies faunísticas más abundantes como el corzo o el jabalí.

Pero la riqueza del robledal de Muniellos  junto a la  desmedida mano del hombre fue durante siglos su peor y más cruel enemigo. En el siglo XVIII, la marina ambicionó la calidad de sus maderas para la construcción de navíos. Se decía que: “ existían infinitos parajes a donde sin mudar los pies se podían cortar tres quillas para navíos de línea”.

Tras mutilar el bosque, el botín era trasladado en carretas de bueyes a la Villa de Cangas de Narcea, donde se almacenaba hasta que la naturaleza regalaba suficiente vida a los ríos por donde peregrinaban los inertes troncos.

A pesar de las agresiones, Muniellos ha sobrevivido con toda su riqueza, una prueba de ello es la presencia del protegido acebo, que siendo la principal comida de los urogallos,   sus brillantes frutos rojos adornan el bosque a finales del otoño y durante los meses de invierno.

Para preservar la Reserva, existe un control diario de visitantes que deben solicitar un permiso que es expedido por la Consejería de Medio Ambiente, Ordenación de Territorio e Infraestructuras. Pero para quienes no dispongan de la autorización cabe la posibilidad de disfrutar de las bellas vistas que ofrece la carretera comarcal que atraviesa la Reserva por el puerto del Cono en dirección a San Antolín de Ibias.

Recorrer el bosque de Muniellos es entrar en contacto pleno con la naturaleza. Un ecosistema de inmensa riqueza que además es el hábitat de intrigantes seres misteriosos, xanas, cuélebres, trasgus revoltosos o brujas.

Herencia mitológica de nuestros antepasados que quisieron dar respuesta a los extraños fenómenos que ocurrían en el bosque.

 Autor: Nieves Alonso

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