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Salamanca

Vista de la ciudad de Salamanca (España)

No hace mucho tiempo que la ciudad de Salamanca es Patrimonio de la Humanidad y aún menos Capital Europea de la Cultura. Lugar barroco, con olor a incienso y frituras en las calles, de silencios medievales y alegrías estudiantiles, donde las piedras lloran en los días de lluvia, bien vale la pena detenerse en ella.

Pero el desocupado viajero, maravillado ante tanta maravilla, las más de las veces olvida viajar extramuros. Y hace mal, en Salamanca provincia, al curioso y al andarín, le espera dormida en los siglos la Ruta de los Conjuntos Históricos. Próximo a Cáceres, muy al sur, no más allá de los noventa kilómetros, en un pañuelo donde se seca el sudor la historia, está el mayor de estos conjuntos.

La Alberca es moza galana de rara belleza, de hechura combinada en mortero, madera y piedra, es destino de pintores de todas las épocas y estilos. Hasta el último de sus rincones ha sido retratado infinitamente en delicadas acuarelas o en óleos mayestáticos.

La Alberca

La Alberca

Tal es la belleza que imprime la luz a sus vetustas casas. Su Plaza Mayor, porticada, para muchos compite en mérito con la mismísima de Salamanca. Para el amante de la etnografía es buen refugio el Museo Albercano.

Vecinos a La Alberca están San Martín del Castañar y Mogarraz. El primero está subido a una peña que domina el río Francia. Allí han morado los hijos de mil y una civilizaciones; los romanos, entre otros muchos. Y en San Martín del Castañar encontramos por primera vez la combinación que caracteriza a la Ruta de los Conjuntos Históricos de la provincia de Salamanca: sus iglesias y castillos.

En las almenas y adarves de la fortaleza de San Martín aún resuenan para quien tenga buen oído los ruidos broncos de las batallas, la defensa de la fe propia, la contumacia para no ceder murallas y torres que muchos consideraron propias.

San Martín de Castañar

San Martín de Castañar

Mogarraz poco o nada tiene que envidiar a sus pueblos vecinos. Aquí asombra su arquitectura, como si de una judería se tratara. Inscripciones y blasones de glorias pasadas adornan callejuelas y pasadizos de su casco urbano.

De su sabia y estudiada estrechez arquitectónica. No es cosa grave despistarse por las calles de Mogarraz para toparse de nuevo con el mismo sitio; es más, es aconsejable perderse. En el día o en la noche, pues la tranquilidad del deambular obliga a exquisitos matices.

Mogarraz. Ermita del Humilladero.

Mogarraz. Ermita del Humilladero

Siguiendo ruta se llega a Sequeros, la atalaya de las Sierras de Francia y Béjar. Es el impacto del contraste si venimos de Mogarraz. Aquí es la expansión del espíritu, el mirar a lo infinito con el poso de lo recóndito. Mirando la serranía, siempre.

Sequeros

Sequeros

Sintiendo el aire límpido de la libertad que ofrece generosamente el paisaje agreste en la naturaleza. La arquitectura de Mogarraz, tampoco está a falta de méritos. Balcones de madera adosados a fachadas de mortero y piedra y, por último, el Santuario del Robledo.

Pero la Sierra salmantina de antiguo tuvo sus señores, los Condes de Miranda. Y la casa solariega de los dueños del condado, cómo no, hubo de ser castillo: el castillo de Miranda del Castañar. Lugar medieval donde los haya, Miranda del Castañar es mezcla de arquitectura serrana con torres y murallas del medievo con trazos gruesos de judería.

Miranda del Castañar

Miranda del Castañar

Mirando a la torre del homenaje de la fortificación condal está el campanario de la iglesia. No se sabe bien si como complemento de la primera, en esta tierra de templos y castillos, o para recordar al visitante lo perecedero de las obras humanas. Lugar fútil ahora y yo inmortal, parece decir la torre religiosa a la militar.

La villa ducal de Béjar es también plaza amurallada con su castillo. Domina la Sierra que le da nombre. Encaramada también en peña consiguió universal fama como ciudad industriosa cuna de maestros textiles. Su afamada Plaza Mayor fue lugar de cita para artesanos y compradores, en el trueque de mercaderías.

Así, de los telares de Béjar salieron los paños que vistieron y arroparon a unos y otros sin distinción. No debe olvidarse el explorador de la Sierra, al atardecer, visitar el Jardín Renacentista de Béjar.

Jardín romántico de Bejar

Jardín romántico de Bejar

Y ya por terminar la Ruta de los Conjuntos Históricos en el sur de Salamanca quedan Candelario y Montemayor del Río. El discurrir del agua por fuentes y regateras definen a la primera de las Villas como uno de los conjuntos más singulares de la zona.

Villa de Candelario

Villa de Candelario

Al llegar a la siguiente, nos recibe una atalaya dominada por la figura del castillo que defiende el transito por la Calzada Romana y la Cañada Real de la Plata, la fortaleza no es más que uno de los atractivos de gran belleza que nos remontará al pasado, del cual nos sentiremos más cerca al finalizar nuestro viaje.

Fortaleza Montemayor del Rio

Fortaleza Montemayor del Rio

“Salamanca que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado” . Miguel de Cervantes.

 Autor: N/A

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Abrazando el Pico de la Miel

Existe una gran variedad de sueños. Sueños irrepetibles, sueños irrealizables, sueños balsámicos, sueños lejanos, sueños soñados… y los sueños que en estado de vigilia inocula “el hacedor de sueños”, Narciso de Dios Melero, protagonista de esta historia.

Narciso de Dios Melero

Narciso de Dios Melero

Narciso es un experto guía de alta montaña, valiente escalador, magistral esquiador, crítico conferenciante, tertuliano de radio y escritor, pero sobre todo es un “Mago de la montaña” que tiene la habilidad de transformar lo difícil en fácil, lo imposible en posible.

Su vocación docente rebasa la enseñanza y se convierte en una forma de ser, estar y hacer. Cuando Narciso aparece en tu vida se instala para quedarse, la desbarata, la desdibuja, la transforma y llena de color, serán cosas de la magia. Lejos de intentar comprender, con Narciso hay que vivir experiencias en la montaña, sueños únicos y personales, que “El hacedor de sueños” regala en un acto de extrema generosidad.

Comienza la aventura…

Amanece un caprichoso día estival con amenaza de incesante calor. Todo está preparado y organizado para el encuentro. La joven Alba, intrépida escaladora, embargada por la ilusión del momento, ultima los preparativos antes de que pongamos rumbo hacia el madrileño pueblo de La Cabrera ,donde encumbrará junto al maestro el carismático Pico de la Miel.

Yo, doblegada ante la tímida y amenazante roca, pero con la pasión y experiencia que me une a la montaña, ascenderé caminando e inmortalizaré la historia de ”el Mago y la Aprendiz” sobre papel. Pero como casi siempre ocurre, las historias no evolucionan como imaginamos, tienen vida propia y libre albedrio.

Escasos sesenta kilómetros nos separan del lugar acordado para la cita, los dominios de la afamada roca y residencia habitual del maestro cuando no se encuentra en el Valle de Benasque. Llegamos a la hora convenida. Narciso nos espera frente a un café que degusta en pequeños sorbos, quizá para digerir las noticias del diario que invade la mesa y que desprecia de inmediato ante nuestra llegada.

Tras un cálido recibimiento y un inmejorable café, iniciamos una distendida y concisa conversación sobre la ascensión al monolito. Es entonces cuando “El hacedor de sueños” con una mirada firme, segura, abnegada y altruista, pronuncia las mágicas palabras “¿Por qué no escalas con nosotros? Solo hace falta poner voluntad y lo conseguirás”. Comienza a forjarse el sueño.

Como si de un conjuro se tratase, las palabras de Narciso atrapan mi voluntad y lejos de anularla la fortalece. Casi de inmediato me invade una sensación de seguridad que se entremezcla con sentimientos de alegría y emoción que se escapan a mi control. Con la grandeza que imprime la humildad, el maestro sella el pacto con su habitual sonrisa y se dirige a por el material necesario para realizar la escalada los tres.

Iniciamos el camino hacia la base del Pico de la Miel. Narciso abriendo paso, con la agilidad y soltura del experto y gran conocedor del entorno, guía mis pasos y los de Alba, que ansia comenzar la escalada para disfrutar y aprender sin límite. Todos unidos por un objetivo común y distintas vivencias, en un acto que nos unirá para siempre.

Alcanzamos la base tras una corta y angosta subida. Custodiados por la hierática roca, a la que dirigimos nuestras miradas en señal de respeto y admiración, nos liberamos de las mochilas depositándolas bajo la sombra de unas encinas. Extraemos el material en un lento y pausado ritual.

Nos ajustamos los arneses y enfundamos los pies de gato. Narciso observa con la discreción del buen maestro e interviene con indicaciones precisas para evitar algún error, mientras organiza las cuerdas y el resto de instrumentos necesarios para la ascensión.

De manera sencilla, fácil, amigable y divertida “El hacedor de sueños” narra alguna que otra historia de las distintas vías de escalada del afamado Pico de la Miel. Todas las vías con nombre y nombradas, la Espolón Manolín, Ezequiel, Emilio, Bavaresa Blanca, Julito…todas con historia, todas con vida propia.

Llega el momento más esperado, la ascensión. Dos cuerdas nos unen a los tres, un cordón umbilical que alimenta la confianza, la fe, el compañerismo y trasmite la fuerza y el valor necesario para acometer la aventura. El maestro inicia el primer largo. Observo cada detalle, la agilidad de movimientos y firmeza de cada paso, la impecable técnica. Me embarga una inconmensurable sensación de seguridad.

Narciso de Dios Melero - Pico de la Miel- Tercer largo enlazando con la segunda iterada de la vía Ezequiel

Narciso de Dios Melero -Pico de la Miel-
Tercer largo enlazando con la segunda iterada de la vía Ezequiel

Desde una repisa Narciso grita “Vamos, ahora te toca a ti. Sube”. La cuerda se tensa levemente. Alba espera su momento con impaciencia y emoción. Mis manos buscan los agarres en la roca como si temiera despertarla de un aletargado sueño. “Arriba, tú puedes”, grita el maestro, y como si una invisible polea tirara de mi comienzo a subir, con fuerza y decisión.

Abrazando el Pico de la Miel, sin oprimirlo, a la distancia justa como indica el maestro, trepo por la roca con la seguridad que Narciso infunde con su sola presencia. Llego a la primera reunión, con dilación pero sin duda. La imborrable sonrisa de Narciso es un estímulo, el mejor seguro de toda la ascensión.

Nieves Alonso - Pico de la Miel- Segundo largo, junto a la segunda reunión del Espolón Manolín

Nieves Alonso – Pico de la Miel-
Segundo largo, junto a la segunda reunión del Espolón Manolín

Alba asciende con soltura, disfrutando cada instante, viviendo su sueño con ilimitada felicidad y una sobredosis de jovial adrenalina. Las reuniones son cortas, el tiempo necesario para hidratarnos, conseguir una instantánea, observar cómo nos distanciamos del suelo y el espectacular paisaje que se magnifica según tomamos altura.

Alba Sánchez -Pico de la Miel- En la fisura de la segunda tirada del Espolón Manolín

Alba Sánchez -Pico de la Miel-
En la fisura de la segunda tirada del Espolón Manolín

Los largos se suceden y poco a poco el camino se va fraguando. La belleza del recorrido radica en su variedad. Maravillosa combinación de vías que van desde las más sencillas y divertidas hasta otras que casan su dificultad con la grandiosa satisfacción del objetivo cumplido.

Superamos con satisfacción y orgullo los primeros largos de la Espolón Manolín. El maestro, en una clase magistral, nos indica como ejecutar la técnica de la bavaresa, en la cual debemos mantener el centro de gravedad del cuerpo fuera de la superficie de apoyo, en un alarde de valentía y obediencia, la ejecutamos junto a una sensación de desafiar al vacío.

Nieves Alonso y Alba Sánchez-Pico de la Miel- Primera tirada del Espolón Manolín: movimientos en bavaresa

Nieves Alonso y Alba Sánchez-Pico de la Miel-
Primera tirada del Espolón Manolín: movimientos en bavaresa

Enlazamos con la vía Ezequiel en el tercer largo para dirigirnos hacia un nuevo reto, la fisura de la vía Emilio. Narciso guía nuestros pasos y orienta para superar esta placa de unos 15 metros. El factor vertical nos asalta, pero una vez más la pericia y agilidad del maestro impulsa nuestros ánimos.

Nieves Alonso en la fisura de la vía Emilio

Nieves Alonso en la fisura de la vía Emilio

Con decisión acometo el desafío, quizá es el tramo más difícil, requiere concentración. El gozo es inmenso una vez superado el reto, siempre con las palabras de ánimo de Narciso que no dan cabida a duda. Alba disfruta, siente la roca, se funde en ella. Avanza, alegre, decidida, observa detenidamente la pared, estudia los movimientos para encontrar la ascensión correcta que le permita alcanzar el siguiente agarre. Nos alcanza y comenta emocionada “sin duda el mejor largo del camino”.

Alba Sánchez en la fisura de la vía Emilio

Alba Sánchez en la fisura de la vía Emilio

Pletóricas por haber conseguido dominar ese tramo y en plena explosión de júbilo proseguimos el ascenso. La mañana avanza con rapidez. Los rayos del astro rey inciden sobre la roca como si quisieran herirla de muerte y sobre nuestros cuerpos. Narciso asciende unos metros y en ese momento Alba acusa los efectos del calor, un leve mareo desata la voz de alarma.

El maestro con tranquilidad y determinación destrepa, controla la situación que en escasos segundos domina. La roca se alía con nosotros y ofrece una oquedad donde Alba se recupera tras hidratarse.

Narciso de Dios Melero y Nieves Alonso

Narciso de Dios Melero y Nieves Alonso

Como sucede en la vida, el leve percance nos proporciona equilibrio, al más puro estilo ying y yang, y nos recuerda que las aventuras en la montaña son serias en materia de seguridad. Como dice Narciso “forma parte del juego”. Su figura se engrandece, el experto guía nos muestra los placeres más ocultos de la montaña a la vez que nos advierte de los peligros que en ella reisden. El conocimiento concede libertad en todos los ámbitos de la vida.

Apenas quedan unos largos para alcanzar la ansiada cima. Retomamos la vía Ezequiel para seguir ascendiendo por una suculenta chimenea plagada de excelentes presas para pies y manos. Narciso con su buen humor inalterable nos grita “Cuidado no tropecéis con los agarres, son como orejas”.

Tomamos el último largo de la Ezequiel y nos disponemos a emprender la trepada final hacia la cima. Las fuerzas, un poco diezmadas, se sobreponen con la emoción del momento. Un ligero tirón de cuerda avisa de que ha llegado nuestro turno. Narciso convoca, es el momento de exprimir las últimas energías.

Alcanzamos la cima. La sensación de estar en lo más alto recubiertos por un techo de nubes es inefable. Saboreando la inmensidad en su máximo exponente, ahí donde no se respira más que libertad.

En la cima del Pico de la Miel De izquierda a derecha  Narciso de Dios Melero, Nieves Alonso, Alba Sánchez

En la cima del Pico de la Miel
De izquierda a derecha
Narciso de Dios Melero, Nieves Alonso, Alba Sánchez

Dicen que el hecho se consuma una vez tocas el hito que encumbra la montaña. Alba fiel a su ritual, se encarama sobre él, pero para mí fue el abrazo en el que nos fundimos los tres compañeros de aventura, exultantes de alegría. Los brazos cansados se entrelazan y trenzan la unión. Lo hemos conseguido…esfuerzo, superación y compañerismo, una soberbia lección de vida.

El maestro nos confiere una última advertencia: la ascensión es solo el cincuenta por ciento del camino, no se debe desatender la parte restante. Tras un breve receso nos encomendamos al Callejón Soyermo, un camino a pie que nos devuelve a la base del Pico de la Miel.

Narciso nos infunde una última dosis de ánimo, nos esperan unas refrescantes cervezas y el deleite de una agradable tertulia para finalizar la jornada.

Croquis de la vía realizada -Pico de la Miel-  Longitud 250 metros

Croquis de la vía realizada -Pico de la Miel-
Longitud 250 metros

Al despedirnos el maestro nos sitúa frente a la roca, con un sencillo gesto de su mano dibuja en el aire el desafío. “Mirad lo que habéis conseguido”, esclarece Narciso. Es en ese momento cuando “el hacedor de sueños” nos invita a despertar.

“Gracias Narciso de Dios Melero por enseñarnos que la capacidad de superación del ser humano no tiene límites”.

Narciso de Dios Melero, "el hacedor de sueños"

Narciso de Dios Melero, “el hacedor de sueños”

 Reportaje

 

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Albarracín

Albarracín

Situada al Sureste de Teruel, esta serranía constituye una de las principales divisorias de la Península Ibérica. Aquí nacen ríos que vierten aguas al mediterráneo y otros que van al Atlántico.

Teruel es una de las provincias más desconocidas de España y también de las más hermosas, aunque sea ignota para muchos. Una de esas joyas escondidas que Teruel ofrece a quién hasta allí se acerca es la Sierra de Albarracín; una extensísima comarca que, por sus valores naturales, culturales y patrimoniales puede señalarse como uno de los enclaves más singulares de todo Aragón.


Sierra de Albarracín

La Sierra de Albarracín es una de las zonas con más elevación del Sistema Ibérico y está formada por una peculiar orografía en la que se asienta una de las principales divisorias de aguas de la Península, porque no hay que olvidar que estamos en la cuna de algunos de los ríos más importantes del país.

Cascada del Molino de San Pedro

Cascada del Molino de San Pedro

En esta sierra nacen el río Tajo, el Guadalaviar que se transforma en Teruel en el Turia y el río Cabriel, el afluente más importante del Júcar y responsable de algunos de los fenómenos geológicos más hermosos que pueden verse en la zona, como el valle que forma en sus primeros kilómetros, sus “ojos” o la cascada del Molino de San Pedro, un bonito salto de agua sobre una piscina natural, muy concurrida en días veraniegos.

Pinares de Rodeno

Pinares de Rodeno

Estos nacimientos son algunas de las joyas naturales que alberga la Sierra de Albarracín, pero no las únicas. Otra es, sin duda, los Pinares de Rodeno, algo más de tres mil hectáreas de paisaje protegido repartidas entre los términos municipales de Bezas, Albarracín y Gea de Albarracín, caracterizado por el afloramiento de piedra arenisca roja del Triásico, que tras sufrir una intensa erosión, ha dado lugar a un intrincado paisaje de roca que forma pasillos, acantilados, torreones y viseras.

Laguna de Bezas

Laguna de Bezas

Sobre este suelo pétreo, el paisaje vegetal está dominado por una masa forestal de pino resinero. Otra perla natural del lugar son La Laguna de Bezas, donde se pueden contemplar fochas, garzas y otras aves acuáticas ,y muy cerca de allí se encuentra el gran sabinar de Saldón.

Ciervo en Albarracín

Respecto a la variedad faunística de la zona, abundan los ciervos, jabalíes, zorros, gatos monteses, garduñas, conejos, liebres, perdices y codornices, en un territorio tan rico en vida como plasmaron ya nuestros antepasados en muestras de arte rupestre levantino.

Recuerde el viajero que desde la localidad de Bronchales, tomando el desvío en dirección a Fuente del Canto, puede atravesar una zona de acampada para dirigirse, a la izquierda hacia una señal que indica Sierra Alta. Desde allí, tras subir un par de kilómetros, alcanzará el cerro. Desde este punto privilegiado se pueden avistar las cumbres altas próximas de siete provincias, Valencia, Castellón, Guadalajara, Teruel, Cuenca, Zaragoza y Soria.

Cerro Albarracín

Autor: Nieves Alonso

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Castillo de Batres

Castillo de Batres

Desde los campos cerealistas, que se prolongan sin interrupción hasta la vecina Toledo y desde la fragosa carrasquera que tapiza el Monte de Batres, se contempla su armonioso castillo del mismo nombre, Batres. Una singular fortaleza erigida en un lugar otrora fronterizo.

A comienzos del siglo XII, en plena lucha entre cristianos y musulmanes, la población de Batres fue arrasada por los almorávides. No tardó mucho en ser repoblada durante el avance hacia el sur de la Reconquista.

Saliendo de Madrid para llegar a Batres tomaremos la A-5, carretera de Extremadura, hasta Navalcarnero y después la M-404 hasta la localidad de Batres.

Batres

Una cómoda senda enhebra todos estos parajes y al tiempo que recuerda su historia literaria, permite comprobar cómo se delimitan los diferentes ecosistemas presentes en este territorio. De una parte el bosque de galería, crecido en el entorno fluvial.

Batres

De otra los cultivos que muestran la transformación que el hombre ha efectuado sobre esta zona, hoy agrícola ayer montaraz.

Arranca la ruta al final de la plaza del pueblo, frente a la parada de autobuses. El cartel da cuenta de las características de esta ruta, apta para todos los públicos, al menos en su primera parte: la que llega hasta el área recreativa de Batres.

Pueblo de Batres

Con una longitud de dos kilómetros y medio y un grado de dificultad bajo, marcha por el lateral del valle abierto por el arroyo del Sotillo, un tributario del río Guadarrama. En la confluencia de ambas corrientes se asienta el área de descanso.

Arroyo del Sotillo

Quedan atrás las últimas casas del pueblo y la pista se bifurca. Despreciar la de la izquierda y seguir de frente, en el descenso hacia el fondo del cauce. La ruta marcha en paralelo al arroyo, adentrándose en las breves barranqueras abiertas por mínimos arroyuelos. Luego sale a un altozano despejado que ocupan los cultivos.

Campos de cultivo.Batres

Al final desciende hasta los arenales que señalan la confluencia de ambos cauces.

Río Guadarrama

Después de este recorrido, los más andarines pueden subir hasta el Monte de Batres, al que se llega siguiendo por la derecha del área recreativa. Cruzar la M-404  y proseguir por una pista que se inicia justo enfrente, hasta llegar a una encrucijada de pistas.

Hay que tomar la que sigue de frente y después elegir la que sube a la izquierda. Son dos kilómetros de ascenso por el monte, a través de una vía pecuaria que recorre el territorio , donde los osos de antaño han sido suplantados por esforzados ciclistas.

la M-404

N/A

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Montes, bosques y ríos. Criaturas salvajes en libertad como el águila imperial, el lince, la cigüeña negra o el gato montés. Especies botánicas majestuosas como el roble, la encina o el alcornoque. Y, por último, el nombre de diez pueblos con nombres romanos, cristianos o moros. Tales son las primeras notas del cuaderno de viaje para adentrarse en la Sierra Norte de Sevilla.

Un pañuelo verde y blanco de lugares para emboscarse ligero de equipaje y con el ánimo de encontrar el alma sencilla y limpia de sus habitantes. La Sierra Norte de Sevilla es una región de montaña media mediterránea ubicada en uno de los macizos del oeste de Sierra Morena.

El acceso natural a la Sierra Norte es desde la ciudad de Sevilla. A 80 kilómetros de la capital está El Real de la Jara, de origen romano y rebautizado por los almohades, como Xara en el siglo XII. Fue reconquistada por Fernando III el Santo y en 1498 los Reyes Católicos le concedieron el título de Real, que hoy ostenta en pago a la fidelidad de sus habitantes a la causa cristiana.

Castillo El Real de la Jara

Castillo El Real de la Jara

Todos ellos dejaron trazas que actualmente pueden admirarse a placer. Sobre una suave loma, hoy lugar de placentero paseo, está plantado su impresionante castillo medieval. Otrora fue lugar de desolación y  en la actualidad exquisita atalaya para mirar a los pies dehesas, olivares y campos.

Iglesia Parroquial de San Bartolomé

Iglesia Parroquial de San Bartolomé

Tiene, además, una importante iglesia mudéjar, con portada de Hernán Ruiz y torre de tres cuerpos; está dedicada a la devoción de San Bartolomé y en ella se conservan pinturas del siglo XVIII y el cuadro “Las ánimas”, atribuido a Zurbarán.

La población de El Real de la Jara, no llega en nuestros días a las dos mil almas; es cosa buena acercarse a alguna de ellas para departir amigablemente. Sin duda recomendaran, como cosa curiosa, visitar su Museo de las Ciencias Naturales. Una excelente colección taxidermista, da idea de la fauna existente en toda la Sierra Norte.

A 65 kilómetros de Sevilla, está plantado Almadén de la Plata, de nombre sonoro que da noticias de glorias pasadas. Poblado desde el Neolítico, sus riquezas naturales de mármol y plata fueron explotadas por fenicios, griegos y romanos.

Cueva de los Covachos

Cueva de los Covachos

La traducción de su nombre, de origen árabe, es “La mina”. Lo primero que debe visitarse en Almadén es su nombrada Cueva de los Covachos; en su entrada pueden apreciarse restos de pinturas que pueden ser de origen rupestre y en su interior, marcados en la roca, nombres y fechas algunas del siglo XVIII.

La explicación de estas rúbricas pétreas la dan los naturales: entre ellos es costumbre de antaño demostrar el valor, incluyendo las mujeres, adentrándose en ella y plasmando a cincel la firma.

Altar Mayor

Altar Mayor

Además de Covachos, existen en el término municipal las necrópolis dolménicas de Cañalazarza y Castillejos. De su arquitectura religiosa destaca la iglesia de Santa María de Gracia y su tesoro en plata: una soberbia cruz del siglo XVII y un cáliz del XVIII, además de su retablo y el Cristo del Crucero, que data del XVI.

Otro de los accesos, esta vez en el justo centro sur de la Sierra y a 60 kilómetros de Sevilla, está El Pedroso, donde sus habitantes se dedican a la ganadería y a la explotación del corcho, a mano y cuidando mimosamente los árboles.

La actividad se realiza en verano y tras la primera saca, la operación no puede repetirse hasta pasados nueve años.El origen de El Pedroso, como todos sus pueblos vecinos, es singular. Poblado en origen por los celtas fue repoblado por los romanos por su riqueza minera.

El Pedroso

El Pedroso

Los árabes, entendiendo su importancia defensiva, convirtieron el lugar en plaza fuerte; desgraciadamente hay pocas trazas de este pasado, demolido en la Reconquista.

Ermita de la Virgen del Espino

Ermita de la Virgen del Espino

Otros lugares de interés en El Pedroso son la Ermita de la Virgen del Espino, mudéjar, con su pieza más valiosa: un crucero de 1540; la ermita cobija la imagen de la patrona de El Pedroso y su romería se celebra el 8 de septiembre.

Casa Granja Cartuja de El Pedroso

Casa Granja Cartuja de El Pedroso

Igualmente de origen mudéjar es la sede de la Hermandad procesional del Viernes Santo, emplazada en la ermita de El Cristo. Por último la localidad cuenta con su propia Cartuja, construida en 1479 para acoger a los monjes de San Bruno.

Autor: P/S

 

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Vamos a visitar uno de esos pueblos que sorprende encontrar. Remoto, guardado del bullicio, aparentemente olvidado. Aquél en el que un día sus gentes cruzaron la mar y emigraron a tierras lejanas en busca de fortuna. Al retornar de la tierra del “ron y la bachata” los más venturosos dejaron su huella, para la posteridad, con majestuosas edificaciones coloniales. Eran los llamados indianos

Pero la suerte no fue igual a todos. A los menos favorecidos se les llamó, tal y como cuentan las gentes del lugar,los maletas al agua”. El asunto en cuestión era que cuando los vecinos les preguntaban por su dicha estos replicaban que todas sus pertenencias se las llevó la mar.

Casona de Pancho

Casona de Pancho

Aquellos que vieron engrosado el capital de sus arcas, dotaron de beneficios a su tierra natal. Las construcciones de las casas coloniales originaron numerosos puestos de trabajo, para los dedicados a oficios como la carpintería, la cantería o la ebanistería. Costearon la traída de las aguas y la construcción de la primera escuela, donde hoy se ubica la Casa de la Cultura.

Las altivas casonas indianas nos dan la bienvenida. El tiempo parece no haber trascurrido en Malleza. Indagando por las calles de este singular pueblo llegamos a la plaza del Conde de Casares, donde se alza la iglesia de San Juan. Originaria del XII ha sufrido profundas reformas a lo largo de los siglos. En el XIX los indianos costearon las reformas de la iglesia dándole la imagen que hoy podemos admirar.

Iglesia de San Juan

Iglesia de San Juan

En el interior se abren dos hermosas capillas, la del Santo Cristo de la Misericordia y la de la Virgen del Rosario, flanqueada por las imágenes barrocas de San Joaquín y Santa Ana. Pero lo singular y admirable de esta iglesia se ve desde exterior. Por razones que a todos se les escapan está coronada por una cúpula verde, con rasgos bizantinos, con su reloj, que toca las horas y las medias, una referencia para los vecinos que sólo le oyen cuando prestan atención.

Retablo capilla de Malleza

Retablo capilla de Malleza

El paseo empieza a cobrar interés. Las casas van apareciendo. La del Cuervo, de la segunda mitad del siglo XVIII; la de don Vicente González de Llano, Vicentillo el del gallo-, con galerías acristaladas y tejados abuhardillados; la de Panchón, que emigró a América y la dicha le acarició como banquero y ordenó levantar esta casa como muestra de amor a su tierra natal.

La casa de José Garcí que al regresar de Cuba enriquecido gracias a su comercio “El Escándalo” construyó la mansión sobre las ruinas de una casa del siglo XVII y la llamó “Las Palmeras”; Casa Cima, el Casino de Malleza y una de las más antiguas, en la que según cuenta la tradición oral algunos vecinos se jugaban sus propiedades.

Una de las casas más hermosas, ubicada en una radiante colina de suntuosas vistas  es “Villa Alicia”. Fue en 1918 cuando don Fernando Rodríguez Alonso regresa de Cuba, lugar al que marchó como tantos mallezanos para  tentar a la suerte fundando una administración de lotería ”La Dichosa” que acabó por convertirse en la más famosa de Cuba, encarga la construcción de la villa para su amada esposa Alicia al arquitecto Julio Galán. La ornamentación de la fuente exterior conserva un estilo andaluz con  azulejos de La Cartuja de Sevilla.

Villa Alicia

Villa Alicia

Estos ejemplos de arquitectura indiana no menoscaban al Palacio de los Condes de Toreno, situado en el barrio de la Granja, que fue casa de don Fernando Malleza. La capilla del Palacio guarda en la bóveda unos magníficos frescos cuyo autor es el conde don Francisco de Borja Zuleta. En la misma localidad de La Granja, como una montaña de nieve, impoluta, con un blanco que nunca oscurece, aparece la casona colonial del Estanqueiro, a fecha de hoy un dispensario geriátrico.

Capilla del  palacio Conde de Toreno

Capilla del palacio Conde de Toreno

De regreso a la plaza de Malleza haremos un alto en la fábrica de embutidos. Es en 1957 cuando la familia Miranda compra Casa Cuervo instalando en las dependencias ganaderas una fábrica de salazones, “Embutidos la Unión”. Hoy es una industria moderna donde se podrá adquirir unas estupendas reservar para llenar la despensa.

En la plaza, frente a la iglesia, descansando bajo un viejo fresno, sin prisa porque sabe que ya no puede andar con agilidad, llama la atención Invicta”, una vieja bicicleta que se ha convertido en parte del paisaje de Malleza. Nadie sabe cómo llegó hasta allí, quizás algún niño después de utilizarla la recostó en el árbol y nunca regresó a por ella. La cuestión es que “Invicta”, nombre que aún luce en la barra superior del artilugio, parece seguir esperando.

Invicta

“Invicta”

Una vez al año, coincidiendo con la noche de San Juan, la vieja y oxidada bicicleta desaparece como por arte de magia. Quizás algún vecino la esconde para que no termine junto a otros trastos viejos en la hoguera típica de esta fecha. Todo un halo misterioso envuelve a “Invicta”, nadie sabe a ciencia cierta cómo llegó a Malleza, y seguro que su desaparición definitiva se convertirá en un enigma sin resolver.

Y frente al fresno donde reposa el enigma, se encuentra la que fue antigua fonda, taberna, colmado, salón de cine y lugar donde se ejerció algún viejo oficio, hoy convertida en exquisito restaurante.

Al Son del Indiano

Al Son del Indiano

EsAl Son del Indiano”, un lugar que no nos recuerda a ningún otro. Al traspasar las puertas se hace un guiño al tiempo. La Habana Vieja o el Centro Asturiano de La Habana están presentes rindiendo homenaje a las gentes mallezanas que un día emigraron a Cuba.

Cada detalle colocado en su sitio. Cuadros recreando la isla de antaño, combinados con preciadas lámparas tifanys y hasta un aparato de televisión, el primero en llegar a España y que nadie consiguió hacer funcionar. Todo ello en perfecta armonía, consiguiendo un ambiente perfecto para la elaborada y cuidada cocina que se nos presenta.

Al Son del Indiano- interior-

Al Son del Indiano- interior-

Sorprendente es encontrarse en este rincón de la Asturias occidental con platos de la siguiente guisa: croquetas líquidas, pastel de ortigas, jabalí guisado con castañas o una deliciosa carne de canguro acompañada de mousse de queso fresco de cabra .Sin olvidar los exquisitos postres como el helado de eucalipto con caramelo.

Croquetas líquidas de ortiga con queso de cabra

Croquetas líquidas de ortiga con queso de cabra

El alma de “Al Son del Indiano ” es su dueño, Paulino Lorences. Si él no está falta lo mejor. Es posible que esté haciendo sociedad en algún evento vecinal, mostrando la Villa , contando alguna de las múltiples historias que guarda en su prodigiosa mente o simplemente tomando un zumo de paraguas. Si es martes, está ausente y no recibe. Costumbres adquiridas de su época parisina.

Pero la casa no queda en soledad. Según una vidente, “en el piso por encima del salón de comidas, habita Alfredo”. Este invisible morador de la fonda ,vestido de blanco como un indiano, para nada molesta a Paulino, que hace gala de su hospitalidad.

Fuente:

Libro -La Comarca Vaqueira- por Nieves Alonso

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El paraíso de los espíritus libres

En el corazón de Almería, descolgando sus casas desde la montaña donde se ubica, se alza Mojácar, única por su esplendor y belleza. Vigía de las adormecidas aguas mediterráneas y guardiana del espíritu nostálgico de sus moradores, muchos de ellos llegados en la década de los cincuenta durante la repoblación de la villa.

Y es en los míticos años sesenta cuando Mojácar resurge cual “Ave Fénix” de sus propias cenizas. Mucho tuvo que ver su entusiasta alcalde que tomó la iniciativa de regalar parcelas a todo aquél que decidiera establecerse en la localidad.

Pronto pintores, músicos, escritores, intelectuales y artistas de todos los ámbitos y países recalaron en la Villa e iniciaron una convivencia con los mojaqueros de nacimiento, que aún hoy se puede percibir. Mojácar se convirtió en el paraíso de los espíritus libres, un referente a nivel internacional.

Indalo

Indalo

Al igual que el símbolo mágico que identifica a la localidad, “El Indalo”, un amuleto prehistórico portador de la buena suerte y ahuyentador de los malos espíritus. Este muñeco mojaquero, como también es conocido, es una primitiva pintura rupestre donde un hombre sujeta un arco por los extremos con los brazos extendidos por encima de la cabeza.

Pasear por el pueblo es todo un deleite. Sus calles empinadas se abren paso entre la arquitectura medieval que las adorna. Subir al Mirador de la Plaza Nueva nos permitirá disfrutar de unas esplendidas vistas del Valle de las Pirámides además de contemplar plácidamente la Ermita de los Dolores, originaria del siglo XVIII.

Vista desde el Mirador del Castillo

Vista desde el Mirador del Castillo

Desde la Plaza con el ánimo resuelto, podemos emprender camino hacia la zona más elevada de la ciudad, el Mirador del Castillo, el viajero entrará en un mundo de sensaciones ante la majestuosa panorámica de la costa mojaquera.

Proseguimos el paseo descendiendo pausadamente por calles y callejuelas hasta llegar a la iglesia de Santa María, fechada en 1560. Ante ella se alza hierática y orgullosa la estatua a La Mojaquera, tallada en mármol blanco con el traje típico y portando una cantara de agua sobre la cabeza.

La Mojaquera

La Mojaquera

Continuamos el paseo, siempre deteniéndonos en los múltiples detalles que adornan las calles, las encaladas casas con balcones floridos o simplemente observando el lento discurrir de las gentes, hasta llegar a la Plaza del Ayuntamiento, cuyo mobiliario principal es un centenario árbol traído de las Américas por un emigrante.

Adentrada la mañana la villa se torna con nuevos colores, olores y sabores, notas del quehacer de sus gentes. Ahora ponemos rumbo a la puerta de la ciudad, nombrada por los árabes como reza en la inscripción, Almedina. El arco de medio punto cobija el escudo de la ciudad, el águila bicéfala de la casa de los Austrias.

Puerta de la ciudad (Almedina)

Puerta de la ciudad (Almedina)

Y junto al arco se ubica la Casa del Torreón, antiguo aposento del cobro de los impuestos de puerta originaria del siglo XVIII, hoy convertida en una coqueta pensión.

Tomamos un respiro sentándonos bajo el arco y observando el deambular de algunos vecinos por la empinada calle, antiguo acceso a Mojácar.

Barrio del Arrabal

Barrio del Arrabal

Con el espíritu del viajero desocupado nos dirigimos hacía el Arrabal, antiguo barrio judío, donde sus serpenteantes calles nos introducen en un laberinto que hace retroceder el tiempo hasta la época en que habitó el lugar la colonia judía. Este es el único lugar de Mojácar desde donde no se divisa la mar.

Otro símbolo de Mojácar, mencionado ya en algunos textos árabes, es la Fuente de los doce Caños, de la que mana una riquísima agua que no pasa desapercibida para los habitantes o viajeros que no dudan en guardar fila para recogerla en envases y llevarla a casa.

Estas aguas no solo han servido para calmar la sed de los mojaqueros, también han regado los huertos y han sido imprescindibles para las lavanderas, que para no contaminar el agua del regadío lavaban de adentro a fuera con los pies dentro del agua.

Fuente de los doce caños

Fuente de los doce caños

Y si un paseo por la Villa cautiva al experto viajero, la magia de Mojácar culmina con las insólitas playas de aguas cálidas y paisajes sorprendentes que atrapan al visitante en un hechizo permanente.

Las playas del Cantal, Lance Nuevo, Las Ventanitas o la playa del Lobo, que debe su nombre a una casa construida en los años 60 por un famoso pianista que la bautizó con ese nombre, son las de mejor acceso para poderlas disfrutar.

Pero si lo que se desea es admirar un paisaje único y playas vírgenes, ponemos rumbo a poniente, hacía las playas protegidas de Mojácar. En está bellísima zona se dibuja un paisaje que alterna la roca volcánica y la arena. Estas playas están protegidas y el visitante a de ser respetuosos con el entorno.

Playa de Mojácar

Playa de Mojácar

Llegada la noche y el merecido descanso del andarín viajero, es momento de recrearse saboreando alguna de las delicias de la gastronomía mojaquera, de una clara influencia árabe. Platos típicos como la crema mojaquera, los gurullos, las tarbinas o el ajo blanco y el colorao conformarán los paladares más exigentes.

GurullosSin olvidar los exquisitos productos del mar, de la huerta o las excelencias de la caza. Toda una gama de sabores que configuran la cocina mojaquera.

Autor: Nieves Alonso

 

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